viernes, 27 de noviembre de 2009

POLÍTICAS AMBIENTALES DEL GOBIERNO

Por Manuel Petruzela

En este último tiempo se criticó al gobierno desde diferentes sectores de la oposición por el veto a la Ley de Glaciares, además de la tardía o casi nula implementación de la Ley de Bosques Nativos. Estos hechos junto con la falta de compromiso para limpiar el Riachuelo y los conflictos inconclusos por la pastera Botnia, denotan un cierto déficit desde el oficialismo para con los problemas ambientales.
El veto de la Ley de Glaciares en 2008 por parte del Ejecutivo dejó sin efecto el proyecto que impedía, entre otras cosas, la explotación o exploración minera o petrolífera en los hielos y en su entorno. El fin que perseguía la sanción era frenar aquellas actividades que pudieran afectar o destruir la fuente de recursos hídricos en el país.
En 2008 la Corte Suprema impuso un límite para el saneamiento del Riachuelo. Esta medida junto al préstamo otorgado al Estado en junio por el Banco Mundial de 840 millones de dólares debería impulsar la limpieza del río. Sin embargo, las casi cinco millones de personas que viven en la ribera de la cuenca siguen afectadas por la falta de obras.
En otro marco –pero que afecta directamente el ecosistema argentino-, se encuentra la instalación, hace un año y once meses, de la pastera Botnia. La planta de celulosa de origen finlandés instalada en la ciudad uruguaya de Fray Bentos “compromete seriamente el ecosistema del río Uruguay”, según el informe que presentó la Argentina el mes pasado ante La Haya.
Todos estos problemas no resueltos en la Argentina producen problemas en la salud de las personas y en el ciclo normal de la naturaleza. Los bosques, por ejemplo, son fundamentales para mitigar el efecto invernadero. Los glaciares, principales productores de recursos hídricos, son indispensables para generar energía de manera no contaminante.
Según advirtió Vicente Barros, doctor en Meteorología de la Universidad Nacional de Buenos Aires, “si no hubiera un cambio en la conducta colectiva de la humanidad en los próximos 100 años, los resultados del calentamiento global serían catastróficos en el siglo XXII".

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